La sonata del silencio, con música

por Pilar MARTINEZ

La música clásica está presente a todo lo largo de La sonata del silencio la más reciente novela de Paloma Sánchez-Garnica, como una música de fondo que lo arrulla todo. Por primera vez en el blog de Feedbooks, te proponemos un recorrido musical del libro. Aunque la novela se puede leer sin  ningún problema aún no conociendo nada sobre música clásica, o sobre música simplemente. Nos ha pareceido que sería una buena forma de amenizar y acompañar la lectura. Así que encuentra aquí los pasajes del libro con ligas para escuchar la pieza musical de la que habla. µY si aún no te has animado, recuerda que está disponible en nuestro catálogo.

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“Las notas se afianzaban en el tosco espacio de aquel hueco que parecía penetrar hasta las entrañas de la tierra y ascender hasta la altura del cielo. La Variación 18 de la Rapsodia de Paganini se escapaba por la ventana entornada de la sala de doña Fermina, abierta probablemente por Juana para airear la estancia.”

“En una de las esquinas de la plaza de Antón Martín, un hombre tocaba el violín con un sorprendente virtuosismo, en concreto La Campanella, de Paganini, extendidas sus alegres notas por el aire de la calle como una cálida brisa serena.”

“[…] los acordes dulces y suaves de la Serenata de Schubert tomaron la calle como un ejército invisible de sublimidad y templanza; […] ”

“Tocó los acordes del Preludio en mi menor, opus 28, n.º 4, de Chopin, conmovida por los compases melancólicos del romanticismo enfermizo del compositor, en una especie de éxtasis sobrevenido, los ojos cerrados, subyugada por la resonancia y transportada a otra dimensión.”

“—Tocas muy bien —dijo ella medrosa.
Après un rêve… —murmuró embelesado en los ojos de Elena—. La composición se ha hecho realidad… Es como despertar de un sueño.”

“En aquel silencio previo, sintió el latido del corazón, cerró los ojos, dejó caer los dedos hasta sentir las teclas y la melodía de los primeros acordes del Nocturno en do sostenido menor, de Chopin, penetró por sus manos y recorrió a través de sus venas cada rincón de su cuerpo, encumbrándola a una sensación de libertad casi olvidada, dueña de la situación, poderosa, inmensa en un mundo negro que, indefectiblemente, quedó apartado de su existencia.”

“Enseguida lo descubrió y de nuevo el corazón pareció saltar en su pecho; junto a la estatua de Velázquez, erguido como un junco, cimbreando el cuerpo al son de la armonía del Rondo, Andantino Quasi Allegretto, de Paganini.”

“—Gracias. Nunca la había oído. ¿De quién es?
—De Tartini, es la primera parte de la sonata El trino del diablo.
—No había escuchado nada de Tartini. Qué título más… extraño para una música tan hermosa.”

“De pronto, como si de un milagro se tratara, la música de Chopin con su Nocturno en mi bemol mayor, op. 9, n.º 2 Andante ascendió como una bendición para acompañar su soledad.”

“Y le pidió, como última voluntad y mientras se abandonaba en brazos de la muerte, que tocase para él el adagio del Concierto de violín número 1 en sol menor, op. 26, de Max Bruch; […]”

“Ya desde lejos oyó el sonido del violín y el corazón se le aceleró. Cuando llegó interpretaba «La vida breve», de la Danza española, de Falla.”

“Interpretó primero una pieza corta, la Sonata n.º 6, de Paganini, a la que siguieron algunas otras solicitadas por Roberta, que quedó absolutamente fascinada por su virtuosismo.”

“Era el quejido del Preludio de la Suite 1 para violonchelo, de Bach, interpretado por una mano muy experta.”

“Alzó los brazos sobre el teclado sin llegar a posar los dedos, adelantó un pie hasta el pedal, tomó aire y, cerrando los ojos, se dejó llevar, sintiendo el tacto de sus dedos sobre el bruñido marfil, interpretando Claro de luna, de Beethoven.”

” Marta volvió a poner los dedos sobre las teclas y arrancó del vientre de madera de caoba la melodía de Mozart Fantasía en re menor.”

“Terminado el Allegro moderato, primer movimiento del Concierto de violín para orquesta, de Chaikovski, se sucedieron el segundo, Canzonetta: Andante, y el tercero, Allegro vivacissimo, para finalizar con el soberbio solo de violín de Jules Émile Frédéric Massenet, Meditación de Thaïs

“Se giró y puso los dedos sobre las teclas y comenzó a tocar el Romance en mi menor, de Listz. Las primeras teclas fueron rápidas, enérgicas, vibrantes, volcada la rabia en ellas, soltada en cada inquieta presión, hasta que la propia melodía le otorgó la serenidad y sus manos crispadas se relajaron hasta acariciar el piano.”

“El sonido estridulario, sucio y vacilante de un disco dejó escapar el Ave María, de Haendel. Sintió que todos sus sentidos estallaban en su interior. ”

“Flavio Tassoni contemplaba absorto la figura de Marta mientras interpretaba al piano el Minute Waltz. ”

“Tassoni se colocó el violín sobre el hombro y, cerrando los ojos, empezó a rasgar las cuerdas con el arco y la Vocalise de Rajmáninov inundó aquella pequeña estancia […]”

“La obra elegida para concentrar su atención en un evento que podría cambiar su vida para siempre fue la Chaconne, de Bach.”

Miró al director y con una leve seña, apenas un gesto, se inició el concierto con la composición de Pablo Sarasate, Aires gitanos.

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